Mensajes para tí

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¿Sabes? El mundo que te rodea habla constantemente de ti. Te cuenta cómo te sientes, qué tienes que aprender, qué debes cambiar o mejorar. Te advierte si te equivocas y te guía por el camino adecuado. Pero no lo ves. O no todo lo que debieras.

No eres el único.

Estamos dormidos y por eso somos incapaces de ver, de leer esos mensajes que están ahí, en nuestra vida cotidiana, justo ante nuestros ojos, al alcance de todos nuestros sentidos.

Porque los mensajes llegan de muchas formas diferentes: Lo hacen en modo de sincronicidades, lo que tu  llamas casualidad. También en todo aquello que te resuena, que te vibra. Llegan a través de olores y de recuerdos. Escuchando a tu propio cuerpo y en los espejos que son los demás, donde reflejamos nuestras luces y nuestras sombras. Te hablan mediante el comportamiento de tus animales o la salud de  tus plantas, o del estado de tu casa, de tus armarios. Por los colores que te envuelven, por signos y señales que se repiten, por los libros que lees o la música que oyes y por tus sueños mientras duermes.

El viento y la lluvia, los cielos, los bosques y las montañas hablan de ti. La ciudad por la que deambulas habla de ti. Y el mar, el atardecer y el alba, todo cuenta cosas de ti.

Ha llegado la hora de que despiertes, de que entres en vibración y resonancia con la vida que palpita a tu alrededor, para que puedas ser consciente de estos mensajes, cuyo único fin, es conducir los pasos de tu propia evolución.

Iria Né Zák

 

 

 

 

 

 

 

 

Monstruos en el armario

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De niña miraba en los armarios, buscando duendes y trasgos. Imaginaba que algún ser de aspecto horrible aguardaba entre las sombras a que me durmiera para atraparme. Ninguna noche pasaba sin que yo mirara debajo de mi cama. ¿Qué esperaba encontrar? Sin embargo durante mucho tiempo, cada noche realizaba mi particular ritual de inspección antes de irme a dormir. Después cogía mis muñecos de trapo y me arropaba hasta la nariz teniendo especial cuidado de no sacar una mano o un pie de la protección de las sábanas. Y así atrincherada, cerraba los ojos convencida de que mis peluches me protegían y que estaba a salvo en la guarida que era mi cama.

¡Monstruos en el armario! ¿Qué hubiera hecho de haberlos encontrado? No lo sé.

Lo que sí sé, es que yo misma daba forma a mis miedos creando monstruos imaginarios, y a la misma vez, también encontraba el modo de combatirlos, pues no era mi frágil fortaleza bajo las mantas la que me protegía de ellos, sino la fe y la firme creencia de que eso era posible, haciendo de mi cama un castillo inexpugnable.

Iria Né Zák

 

 

Soy una oveja negra

 

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¡Cuánto dolor! ¡Cuántas decepciones por no encajar en la familia!

Cuando era pequeña, durante mi adolescencia, mi juventud y hasta hace bien poco, me he sentido un bicho raro. Incomprendida y terriblemente sola, sin poder compartir abiertamente mis inquietudes, mis ideas o mi forma de ver el mundo.

“¡Estás loca!” era el comentario que siempre escuchaba cuando hablaba de las cosas que quería hacer o de lo que pensaba. Ahora sigo escuchándolo alguna vez que otra, cuando se olvidan de quién soy en realidad. De que ya no me siento intimidada, sino orgullosa de ser diferente, de poder alzarme con mi propia identidad.

No saben que las ovejas negras somos seres especiales que venimos a este mundo con un propósito importante, que estamos aquí porque sin nosotras, el cambio no es posible.

Somos las que rompemos moldes con todo lo que eso conlleva. Obligarnos a seguir al rebaño es un éxito frustrado, una y otra vez, nos saldremos del redil. Es nuestro sino, está marcado en nuestros genes y es inevitable.

El mundo necesita de las ovejas negras para sanar sus linajes, sus clanes, al ser humano.

Si eres una de nosotras, si te sientes una oveja negra, siéntete digna y orgullosa de serlo, pues tu labor es necesaria para la Nueva Era que está por venir y que ya empieza a intuirse.

¡Ya no estás sola!

Iria Né Zák

¡Toca madera! Oda a un árbol caído

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Ya no estaba. Me di cuenta enseguida, aquella mañana de finales de verano durante mi paseo matutino por el bosque. Enseguida noté su vacío. Y es que había sido un ser grande, pleno y vital, pero ya no estaba. Su tocón casi a ras del suelo era el único testigo de su existencia ahora sesgada de cuajo, porque sí, sin motivo aparente.

Me sentí rota por dentro. Un gran dolor se apoderó de mí, igual que se hubiera perdido a un viejo y querido amigo. Porque es lo que era: un gran amigo que me saludaba cada día en un vaivén de sus altas ramas y me cobijaba bajo su sombra en los calurosos días de verano.

Ahora había desaparecido. Se lo habían llevado. Miré tan desconsolada aquel tocón que aún sumergía sus raíces en la tierra en un desesperado intento de seguir siendo. Y lloré. Tan triste, dolida y tan impotente. No podía entender, no puedo comprender, ese afán que tiene el ser humano  de cortar por lo sano, de destruir sin más todo lo que le molesta. Según él…

No pude por menos que decirle cuánto lo sentía, de pedir perdón por la absoluta necedad de mis iguales. Por su incomprensión, su falta de respeto por los demás,  por su incapacidad de sentir,  y su falta de consciencia. Si al menos hubieran tocado madera…

Los antiguos eran respetuosos con los demás hijos de la Madre Tierra. Agradecían a los animales la vida que entregaban para el mantenimiento del clan, y daban paz a su espíritu. A los árboles le pedían permiso para talarlos, pues sabían que también ellos albergaban un alma, un espíritu árboreo. Tocaban madera. Colocaban sus manos sobre el tronco del árbol elegido y le pedían al espíritu que lo abandonara, para que quedara solo la parte física que iban a necesitar. Si sentían que el espíritu del árbol se iba, entendían que tenían permiso para talarlo y daban gracias. Si lo cortaban sin haber tocado madera, algo malo podría sucederles.

Pero eran tiempos en que el ser humano estaba conectado con la Naturaleza.

¡Lo siento tanto hermano, amigo! Seguro que no tocaron madera. Ellos ya sabrán de sus consecuencias…

 

Iria Né Zák

 

 

Las otras miradas

 

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Si nunca te has visto reflejado en la mirada limpia e inteligente de un perro, o atrapado en el hechizo de los misteriosos ojos de un gato.

Si no te has perdido en los insondables ojos de un pájaro, o en la hipnótica mirada de una serpiente.

Si los negros pozos que son los ojos de un caballo no te han robado el corazón, si no te has sumergido en ninguna de esas miradas ni en muchísimas otras como esas, tan  intensas, tan penetrantes, tan humildes, tan grandes e infinitas, tan antiguas y tan sabias, siento decírtelo, no has sido elegido por sus almas.

Ser elegido por ellos es un honor inconmensurable. Aquellos tocados por su esencia son sostenidos por su sabiduría ancestral. Vibran en  frecuencias más altas: de empatía, de  generosidad,  de  lealtad,  de honestidad, de fe,  de valor,  de amor incondicional.

Si eres uno de esos afortunados, lo sabes. No traiciones nunca la confianza que ellos depositaron en ti.

 

Iria Né Zák

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Azgora

DSC_0024Aún resuenan en mi cabeza las palabras sin voz de los viejos árboles. Aquellos que me mostraron las visiones que designarían mi nuevo porvenir.

Tengo el recuerdo imborrable de un Ser al que pude ver sin verlo. Se elevaba sobre mí; una energía vibrante, poderosa y benévola que pulsaba como una luz blanca, un corazón radiante que sonreía, ¡sé que sonreía!, colmándome de una sensación que me sobrepasaba.

Azgora, el viejo roble milenario de los bosques de las tierras del norte, aunque aparentemente muerto, todavía sigue vivo. Aún se hunden sus raíces en la tierra, aún sus ramas se extienden orgullosas hacia el cielo. Continúa siendo el señor indiscutible del Valle de Sakana.

“Construye, me dijo, extiende tus ramas, expándete hacia fuera. Sigue el camino que ahora se extiende ante tus pies. No lo abandones. Continúa. Te guiará bajo la tormenta que se cierne sobre ti. Confía en tus dones, déjalos salir. Escucha las voces de los hijos de la Tierra: ellos te mostrarán los secretos que debes conocer en el momento justo.”

Abracé el vetusto tronco tatuado por las cicatrices que el paso de los siglos le habían dejado, tan  robusto, fuerte y estable como un padre protector y amoroso. Y así abrazada a él, me encontré derramando lágrimas de agradecimiento por tanto amor, y sentí un anhelo doloroso: “no me dejes nunca  más”,  murmuré entre sollozos, comprendiendo que me hallaba ante el don más preciado, el Amor Incondicional, el don que guiará mis pasos, aún en la noche más oscura.

 

Iria Né Zák

 

La magia que hay en ti

 

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“No os equivoquéis, -dijo alguien a quien admiro- Campanilla no existe.”

Lo siento amigo mío, pero discrepo. No sé si Campanilla existe o no, pero la magia desde luego, sí.

La magia existe, vive, habita en ti, y en todos los seres y cosas que te rodean.

Está en tu día a día, en tu vida cotidiana. En los momentos más entrañables e íntimos que dedicas a aquellos que amas. Está en el poder de tu fe y en la intencionalidad que pones en todo lo que haces.

La magia va unida a tu fuerza interior y a los valores con los que cimientas tus actos y tus creencias.

Magia es la capacidad de transformar, de trasmutar, de incidir para provocar cambios. Es sensibilidad y armonía, la capacidad de no permanecer impasible,  de percibir y de sentir los latidos de toda la vida que te envuelve en todas sus formas.

Paseando por los bosques, junto a los ríos y fuentes, navegando en el mar o perdidos en el desierto, te sientes pleno, vivo, que formas parte de algo mucho más grande, que eres pequeño y eterno a la vez.  Porque en la Naturaleza la magia fluye en su forma originaria, sin muros ni barreras que la retengan, sin filtros que la distorsionen, donde las energías nocivas son diluidas y no pueden mancillarla.

Si no puedes sentirlo, no culpes a Campanilla. La magia que te rodea sólo podrás percibirla cuando conectes con la magia que hay en ti.

Magia eres Tú. ¿Su color? Dependerá del uso que hagas de ella.

 

Iria Né Zák.

Cuando se abre la puerta de tu jaula

 

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Como el pájaro al que le abren la puerta de su jaula y que se asoma con cautela al exterior, incapaz de creer en su suerte. Que emprende un corto vuelo por los alrededores para volver después a introducirse entre los barrotes donde hay comida, agua y la seguridad de lo conocido, porque en el fondo, le aterra su tan ansiada libertad.

Algo parecido suele sucedernos cuando luego de vivir tras los barrotes invisibles de una relación, de un trabajo o de cualquier otra circunstancia de la vida que sentimos que nos aprisiona, en el momento en que se abre la puerta y por fin somos libres, la realidad es, que no sabemos qué hacer con esa libertad.

Para algunos es tan aterrador cruzar el umbral para adentrarse en lo desconocido, que prefieren volver dentro, donde se mueven en la tranquila seguridad de “lo malo conocido” y se auto convencen de que eso es lo mejor.

Otros al menos lo prueban, lo intentan. Pero se sienten perdidos ante tanta novedad y al final, prefieren regresar, eso sí, algo más desdichados por no tener el coraje para explorar “lo bueno por conocer”.

Y luego están los valientes, los que saltan al vacío y extienden sus alas, permitiendo que los vientos los eleven alto, muy alto, desde donde puede apreciarse un paisaje extenso, fascinante, listo para ser descubierto.

¿Cuál de ellos eres tú?  ¿Te atreves a volar?

 

Iria NéZák

 

Tu sabiduría interior

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Mucha gente es muy inteligente y a pesar de ello no son sabios. Otros recopilan datos y aprenden conceptos durante toda su vida, de todas las materias posibles, pero no por eso adquieren sabiduría.

Y existen otras personas que jamás salieron de sus pequeñas aldeas, que nunca estudiaron, que ni siquiera leyeron un libro, y sin embargo son verdaderos sabios.

La suya es una sabiduría distinta. No es el conocimiento que viene de fuera, del aprendizaje de años de estudio y de práctica, sino aquel que viene de dentro, de escuchar al alma, de entender el espíritu y de la capacidad de abrirse con humildad a los demás seres. Es la sabiduría que crece con la escucha atenta del otro, que observa paciente el devenir de los ciclos de la Naturaleza. La que se nutre de todas las experiencias vividas, buenas y malas, dándoles el valor justo que merecen,  aprendiendo de ellas.

Es innata.

Todos llevamos dentro esa sabiduría interior que nos habla a través de la intuición, desde la percepción de lo imperceptible y se comunica con presentimientos. Es la gnosis que habita en cada uno; a la que accedemos desde una introspección sincera y honesta de uno mismo, conectando con la sabiduría divina que vive en nosotros.

Tú eres un ser sabio por naturaleza, es sólo que el ruido externo no te permite escuchar lo que tu alma te cuenta. Cierra los ojos y respira hondo, permite que tu sabiduría interior te guíe por el camino incierto de la vida; verás que no todo es tan difícil ni tan imposible.

Iria Né Zák

 

 

Tu compañero el miedo

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Invita al miedo a que sea tu compañero de camino en este viaje que es la vida.

Pídele que se siente a tu lado en el avión. Que esté contigo cuando quieras declarar tu amor a ese supuesto ser inalcanzable. Puedes decirle que te apoye ahora que vas a iniciar tu nuevo proyecto, o porque vas a ser madre. También puede estar a tu lado en ese importante evento en el que has de hablar en público, o cuando quieras dar un giro radical a tu vida y saltar al vacío.

Muéstrale que la vida es hermosa a pesar de todo. Que no siempre hay un enemigo tras cada esquina, ni un peligro a cada paso. Dile que te acompañe y que disfrute del trayecto.

Escucha sus sabios consejos cuando se trate de ser prudente, para que no confundas ser valiente con temerario. En eso de ser precavido, para que no caigas de bruces en las fauces de un riesgo innecesario.

Pero eso sí,  no permitas que se ponga ante ti para guiar tus pasos con la excusa de protegerte, porque en definitiva, aunque sea tu compañero de viaje, eres TÚ quién dirige tu Vida.

 

Iria Né Zák