Escucha a tu cuerpo

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¿Sabes escuchar a tu cuerpo? ¿Entiendes lo que te dice? Y si es así ¿le haces caso?

Hacer oídos sordos  a lo que nuestro cuerpo en su sabiduría nos está contando suele traernos consecuencias, a  veces, desastrosas.

Lamentablemente no nos enseñaron la idea de que nuestro cuerpo tiene voz y voto, y su propio lenguaje que puede llegar a ser muy obvio.

Es la herramienta de la que se sirve nuestra alma, nuestro yo verdadero, para mostrarnos el sendero adecuado, para avisarnos de lo que nos está dañando a nivel emocional, para indicarnos que nos estamos equivocando en nuestras elecciones. Pero no, no le escuchamos, y si lo hacemos, no actuamos en consecuencia. Como resultado tenemos dolencias y molestias que se convierten en gritos desesperados transformados en enfermedades. Y ni con esas.

Podrás curarte, pero jamás sanarte si no prestas atención a los mensajes de tu cuerpo. Creerás estar acertando en tus acciones, aún cuando sientas dolor en tu estómago o que la cabeza te va a estallar…

Escúchale, ponle todos tus sentidos, te asombrarás de todo lo que te cuenta. Y ten coraje para seguir sus directrices. ¿Qué conseguirás a cambio? Vivir desde ti.

Iria Né Zák

 

 

Iria Né Zák

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La gente cree conocerme, pero nadie me conoce. Ni yo misma.

A veces descubro aspectos de mí que me resultan un tanto sorprendentes. Habilidades que desconozco, una sabiduría que viene desde más allá de los tiempos. Me cogen de sorpresa, en el momento más inesperado y luego desaparece, como si lo hubiera soñado, dejándome sumida otra vez en el mediocre devenir del día a día, en la tristeza de no poder alcanzar a ese ser que soy yo, mi yo verdadero.

Pero no es que no pueda alcanzarlo, la realidad es que soy yo quien no me dejo envolver y guiar por ese ser superior. A veces por miedo que supone navegar por aguas desconocidas,  o por la responsabilidad que conlleva y el sentimiento de no merecer mis habilidades y mis dones.

Ser humilde y valiente para hollar el sendero que se dibuja a mis pies y que me invita a recorrerlo, a descubrirme, a ser capaz de ir más allá de mis propios límites. Tener la confianza en mis capacidades y danzar con la vida y disfrutar del baile en toda su grandeza.

Iria Né Zák es mi nombre verdadero, el  que designa quién soy en realidad…y he decidido conocerme.

Y tú ¿te atreves a conocerte?

Iria Né Zák