Azgora

DSC_0024Aún resuenan en mi cabeza las palabras sin voz de los viejos árboles. Aquellos que me mostraron las visiones que designarían mi nuevo porvenir.

Tengo el recuerdo imborrable de un Ser al que pude ver sin verlo. Se elevaba sobre mí; una energía vibrante, poderosa y benévola que pulsaba como una luz blanca, un corazón radiante que sonreía, ¡sé que sonreía!, colmándome de una sensación que me sobrepasaba.

Azgora, el viejo roble milenario de los bosques de las tierras del norte, aunque aparentemente muerto, todavía sigue vivo. Aún se hunden sus raíces en la tierra, aún sus ramas se extienden orgullosas hacia el cielo. Continúa siendo el señor indiscutible del Valle de Sakana.

“Construye, me dijo, extiende tus ramas, expándete hacia fuera. Sigue el camino que ahora se extiende ante tus pies. No lo abandones. Continúa. Te guiará bajo la tormenta que se cierne sobre ti. Confía en tus dones, déjalos salir. Escucha las voces de los hijos de la Tierra: ellos te mostrarán los secretos que debes conocer en el momento justo.”

Abracé el vetusto tronco tatuado por las cicatrices que el paso de los siglos le habían dejado, tan  robusto, fuerte y estable como un padre protector y amoroso. Y así abrazada a él, me encontré derramando lágrimas de agradecimiento por tanto amor, y sentí un anhelo doloroso: “no me dejes nunca  más”,  murmuré entre sollozos, comprendiendo que me hallaba ante el don más preciado, el Amor Incondicional, el don que guiará mis pasos, aún en la noche más oscura.

 

Iria Né Zák

 

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