Cuando se abre la puerta de tu jaula

 

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Como el pájaro al que le abren la puerta de su jaula y que se asoma con cautela al exterior, incapaz de creer en su suerte. Que emprende un corto vuelo por los alrededores para volver después a introducirse entre los barrotes donde hay comida, agua y la seguridad de lo conocido, porque en el fondo, le aterra su tan ansiada libertad.

Algo parecido suele sucedernos cuando luego de vivir tras los barrotes invisibles de una relación, de un trabajo o de cualquier otra circunstancia de la vida que sentimos que nos aprisiona, en el momento en que se abre la puerta y por fin somos libres, la realidad es, que no sabemos qué hacer con esa libertad.

Para algunos es tan aterrador cruzar el umbral para adentrarse en lo desconocido, que prefieren volver dentro, donde se mueven en la tranquila seguridad de “lo malo conocido” y se auto convencen de que eso es lo mejor.

Otros al menos lo prueban, lo intentan. Pero se sienten perdidos ante tanta novedad y al final, prefieren regresar, eso sí, algo más desdichados por no tener el coraje para explorar “lo bueno por conocer”.

Y luego están los valientes, los que saltan al vacío y extienden sus alas, permitiendo que los vientos los eleven alto, muy alto, desde donde puede apreciarse un paisaje extenso, fascinante, listo para ser descubierto.

¿Cuál de ellos eres tú?  ¿Te atreves a volar?

 

Iria NéZák

 

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