Bajo el hechizo de la magia

 

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Me había perdido.

Eran aquellas horas en que la magia toma el relevo al mundo conocido, ese momento en el que se filtra por la maraña de realidades y hace de las suyas.

Una melodía vibraba en el aire; voces de agua y viento, de fuego y tierra. Las dulces y extrañas notas flotaban en la floresta entretejiendo un tapiz de sueños y fantasía antes de caer como oro líquido, como lluvia de estrellas.

Diminutas luces brillantes revoloteaban a mi alrededor traviesas y risueñas, mientras me movía maravillada entre aromas sutiles, colores imposibles y texturas bellísimas. Tengo breves retazos en mi mente de caminar absorta entre árboles que guardan viejos secretos, rodeada de  flores que sólo se abren a la luz de la luna, acunada por el canto de los ruiseñores y la voz  del viento en las hojas susurrando en una lengua antigua ya olvidada. Efímeras figuras hechas de bruma tomaban forma ante mis ojos antes de evaporarse para volver a existir por unos instantes justo un poco más adelante, mostrándome el camino, siguiendo las huellas que deja la magia.

Algo me devolvió a  la realidad. Creo que fueron las risas. Era hora de regresar, pero mis pies se negaban a moverse. Y volvieron a reír. Bajé la mirada a mis pies descalzos…  ¡Había caído en un círculo de hadas!

Era esa hora donde la magia se cuela descarada entre los mundos, se adueña de los sentidos arrastrando a los incautos a reinos subterráneos de donde nadie ha regresado jamás.

 

Iria Né Zák

 

 

 

 

 

 

Dama Sanadora del Bosque

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Recuerdo el día en que la conocí.

Me gustó enseguida.

Tenía la mirada franca y limpia. Inspiraba esa confianza, paz y serenidad que transmiten las buenas personas.

Me sentía cómoda a su lado, con esa extraña sensación de conocerla desde siempre, aunque fuera la primera vez que la viera.

Podía percibir ese misterio que la envolvía con la sutileza de la bruma.

Cuando la miré a los ojos vi esa luz dorada que atraviesa las hojas jóvenes  en primavera. Me sumergí en ellos y buceé en sus profundidades para conocer un alma grande. Emergí a un mundo etéreo, tocado por los duendes y las hadas donde todo es posible y las realidades se entrelazan en una sola.

A su paso la hierba crecía bajo sus pies descalzos. Las flores  marchitas se abrían mostrando toda su efímera belleza y los árboles le susurraban palabras que sólo ella podía entender.

Ella es la Dama Sanadora del Bosque, tan normal como tú o como yo. En apariencia, porque por donde ella pasa puedes sentir su presencia, sus dones, su esencia…su Magia.

Iria Né Zák