¿Me ayudas?

 

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¿Eres de los que no se dejan ayudar?

Sin embargo, seguro que eres el primero en acudir, incluso antes de que te lo pidan.

Pero que te ayuden a ti, eso ya es otro cantar.

Puede  que te de vergüenza, como si fuese algo deleznable. O quizá crees que no lo mereces; “¿quién  soy yo para que otros pierdan su tiempo en mí?”

Tal vez creas que solicitar ayuda es de débiles, de gente que no es capaz de hacer las cosas por sí mismo, de inútiles.

¿Y tú?  Llevas tanto tiempo valiéndote por ti misma que ni te acuerdas de que pueden ayudarte si así lo necesitas.

Ayudar al prójimo es algo que nos ennoblece y pedir ayuda cuando la necesitamos nos sitúa en una posición de humildad y de reconocimiento de nuestros propios límites. Y eso es muy humano.

Todos en un momento a otro podemos necesitarla y todos tenemos derecho a ser ayudados. También tú. Nadie es más merecedor que otro.

Que te echen un cable alguna vez no te resta dignidad ni  te hace débil ni mediocre. Dime ¿de qué puede servirte el orgullo en un momento de apuro?

Y a ti que siempre lo has hecho todo sola porque según tú, nunca has tenido a nadie con quién contar. Párate y mira a tu  alrededor. No estás sola, de verdad que no. Aunque no lo creas, seguro que hay alguien que pueda echarte una mano en un momento dado.

Cuando lo necesites pide ayuda.

Pídela sin miedo, sin vergüenza, sin excusas, sin  reservas, pero pídela, porque si no me lo dices, no lo sabré, y no podré ayudarte. Porque sé, que si yo lo necesito, tú me ayudarás a mí. ¿Me equivoco?

 

Iria Né Zák

Soy espiritual

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Para poder vivir plenamente es importante que los pilares en los que se sostiene nuestra existencia estén en perfecta armonía. Desarrollar una espiritualidad sana y equilibrada no es menos importante que otros factores como la salud, el trabajo,  o las relaciones. De hecho es primordial, pues es donde realmente se sustentan todas las demás facetas de nuestra vida.

La espiritualidad suele relacionarse con la religión siendo dos conceptos totalmente diferentes. También se relaciona con el hecho de alcanzar altos niveles de consciencia a través de la realización de ciertas prácticas como la meditación.

La espiritualidad, sin embargo, es algo mucho más sencillo y natural. Es parte inherente del ser humano. Experimentamos momentos espirituales en más ocasiones de las que nos imaginamos, aunque la mayoría de veces no somos conscientes de ello:

Cuando caminas por el bosque o por la playa,  y te conectas con la Naturaleza. Cuando disfrutas con la música, la danza o leyendo un libro inspirador; cualquier forma de arte que nos conmueva. Cuando te entregas de corazón a lo que haces, ya sea solo o colaborando con otros por un objetivo en común. Cuando empatizas con el sentir del otro.

Cuando estas en sintonía con el Ser Supremo y con la Creación, con la Naturaleza y sus seres, con los demás y con la parte más profunda de ti mismo, estás siendo espiritual.

 

Iria Né Zák

 

En presente

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Vivimos anclados en la nostalgia y proyectados en un futuro impreciso, y mientras tanto, la vida pasa.

Nos perdemos el aquí y  el ahora, que en realidad es donde desemboca el aprendizaje de las experiencias pasadas y donde  se construyen los cimientos de nuestro futuro. Pero como no estamos en nuestro presente, no aprendemos de lo vivido, lo que a su vez, nos impide forjar un porvenir con sentido, construyendo sólo castillos en el aire.

Lamentablemente esto se debe a que nuestro presente nos aburre. Lo cotidiano, la rutina, hacen que nuestro día  a día sea insulso, sin sabor, sin chispa. Vamos por la vida con el piloto automático puesto y no nos damos cuenta de nada. Igual nos perdemos maravillas irrepetibles que sufrimos riesgos innecesarios.

No sabemos tener nuestra atención plena en algo a menos que nos atraiga, nos entusiasme o  sea peligroso. Pero como esos momentos sólo se dan en ocasiones concretas, buscamos esas experiencias, las inventamos, o las recreamos en nuestra mente.

Vivir en presente requiere  de ser y estar en ese preciso momento, con todos los sentidos despiertos para no perder ningún detalle. Olvidarnos de las prisas y también del ruido externo de nuestras preocupaciones, sueños y recuerdos.  Es un aprendizaje que merece la pena cultivarse. Un esfuerzo que siempre tiene su recompensa.

Estar presente es sentir la vida en toda su magnitud.

 

Iria Né Zák