Mi sombra

 

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Un día cogí dos sillas y las coloqué una frente a la otra. Encendí velas e inciensos, me senté en una de ellas con las manos sobre mi regazo, cerré los ojos, respiré hondo tres veces y acompasando mi respiración al latido de mi corazón, me dispuse a esperar.

El silencio se hizo tan palpable que podía tocarlo. No tuve que esperar demasiado. Más bien parecía que era a mí a quién se requería hacía tiempo. Sentí su presencia y abrí los ojos. Allí estaba de pie junto a la otra silla. Era igual que yo…pero mejor. Una versión mejor de mí.

Vestía toda de negro con prendas ajustadas que resaltaban su figura  más esbelta y grácil;  su cabello  azabache caía en ondulantes rizos sobre sus hombros enmarcando un rostro ovalado de facciones perfectas, donde resaltaban unos ojos oscuros que ardían con una llama fría. Tan fuerte y segura de sí misma…Sin apartar sus ojos de los míos, moviéndose con la gracia y ligereza de un felino, tomó asiento frente a mí.

Por unos instantes permanecimos en silencio, observándonos mutuamente. Yo no podía dejar de mirarla. Era tanto como yo deseaba ser. La admiraba, la odiaba…y la envidiaba.  Torció su gesto en una sonrisa desdeñosa, como si hubiese leído mis pensamientos, cruzó las piernas con insolencia e inclinándose hacia  adelante me habló.

-“¿Qué deseas de mí?” – Su voz sonó dulce como una caricia, peligrosa como el silbido de una serpiente.

-“Conocerte” –respondí indecisa tras una leve pausa. Aquel ser que era yo, me intimidaba.

-“Ya me conoces”

-“Mejor. Deseo conocerte mejor”

-“¿Por qué?  ¿Para qué?” – parecía divertirle lo que le pedía.

-“Porque conociéndote a ti, podré conocerme mejor a mí misma.”

Volvió a recostarse contra la silla y me observó curiosa y desafiante mientras sopesaba mi respuesta.

-“Soy tu sombra. ¿De verdad quieres conocerme?”

Asentí en silencio. Y ella habló:

-“Soy lo que envidias y lo que odias. Soy tus miedos y tus angustias. Soy lo que ansias ser y lo que más detestas. También laten en mí tus más oscuros deseos y pasiones; tus ambiciones y codicias  y aquellas máculas que te marcan. Todo eso soy y más.”

-“Deseo ser mejor persona. – argumenté –  Quiero aprender a no odiar, a no juzgar, a no desear mal. A no envidiar ni ultrajar. Deseo vencer mis miedos y mis temores. Conociéndote mejor podré desterrarlos, sabré como hacerlo.”-  La miré desafiante. Por unos instantes su dura mirada se suavizó un poco y pareció apiadarse de mi pobre inocencia.

-“No puede haber luz sin oscuridad, ni valor si antes no hay miedo. No puedes desear ser mejor si primero no has sido mediocre. Yo soy tu, y te guste o no, aprenderás que no puedes existir sin mí”

-“Pero yo no quiero ser lo que tú eres” –  me sentía angustiada y furiosa.

-”Sólo puedes ser tú de una única manera. Acéptalos.  Abraza a  tus miedos, a tus prejuicios, a tus envidias. Abrázame hermana, porque tú y yo somos una sola, un solo ser, y ambas nos necesitamos.”

Alcé los ojos para mirarla y me encontré con una mirada llena de calor, de mi misma, de esa parte de mí que rechazaba y que también soy yo, y comprendí que la necesitaba a ella, a mi hermana, mi némesis. Nos fundimos ambas en un abrazo y pude sentirme por fin, completa.

 

Iria Né Zák

 

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