La magia de una sonrisa

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Sonríe. Venga, en serio, sonríe.

¿Qué sucede? ¿No puedes sonreír? Te cuesta ¿verdad?

Tranquila, lo entiendo. Tal y como están las cosas hoy en día, con la vida que llevas y con todos los problemas que tienes, no hay muchos ánimos para sonreír. Te comprendo, a mí también me pasa.

Razón de más para intentarlo.

Nos movemos por el mundo, tan grises y apresurados, que cuando alguien nos dedica una sonrisa, nos parece tan extraño, que no podemos creerlo. Parpadeamos deslumbrados, como salir al  sol después de estar mucho tiempo encerrados en la oscuridad. Y sin pensar, sin saber muy bien porqué, casi sin poder evitarlo, devolvemos esa sonrisa. Es lo que tiene: es contagiosa.

También es terapéutica. Es la mejor medicina y  tan eficaz, que te beneficia a ti y a quién la recibe. Eleva el espíritu, pues tiene la virtud de tocar el alma.

Es cierto que sonreímos cuando nos sentimos contentos, animados y felices, pero ¿qué te impide creerla de la nada?

Piensa en todo lo que te hace feliz. Recupera recuerdos alegres y anécdotas graciosas. Poco a poco tus labios se curvarán en una sonrisa. ¡Ya está! Ya lo has conseguido. Ahora practica.

Si los ojos son el espejo del alma, una sonrisa es tu luz que se muestra al exterior. Embellece tu rostro y envuelve a todo tu ser con un halo luminoso y radiante.

Sonríe. Sonríe. Sonríe. ¡Vamos sonríe!

Ahora sí. ¡Por fin ha salido el sol! La magia de esa estrella brillante que habita en ti.

 

Iria Né Zák

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