Expectativas

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He aprendido que el miedo y las inseguridades nacen ante la perspectiva de cumplir las expectativas que otros ponen o creemos que ponen en nosotros. Y eso sí que es un error. Nunca harás nada que esté al gusto de todos; siempre tendrás admiradores y detractores. Si has de cumplir las expectativas de alguien, han de ser, desde luego, las tuyas, y  a veces, ni eso.

No has de demostrar nada a nadie. Lo que opinen o piensen los demás es problema de ellos. La visión que tengan de ti estará siempre sesgada por sus propias creencias idealizadas o limitantes. Lo único que de verdad importa es que cualquier cosa que decidas realizar, desde tus actos más cotidianos a los más grandes proyectos de tu vida, los hagas desde el corazón y disfrutando con ello.

Partiendo de esa premisa sin duda alguna sacarás lo mejor que hay en ti, de forma natural, sencilla y honesta. ¿De verdad crees que puedes hacer mal algo que surge de tu interior con tanta pasión e integridad?  Y si aun así te equivocas, no pasa nada. No lo tomes como un error, sino como una forma de aprender para hacerlo mejor, evolucionar y  seguir creciendo.

Así que, como sus expectativas no son las tuyas, relájate, vive y disfruta.

 

Iria Né Zák

Sol de Invierno

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Hemos celebrado en estos días el Solsticio de Invierno.

Ha entrado la estación más desapacible para la mayoría, donde los días son grises y fríos, y las horas de luz, escasas. Cae la nieve y hace un viento gélido. Amanecen los campos cubiertos de escarcha bajo una niebla densa y húmeda. Se te hielan hasta las ideas y lo único que deseas es llegar al refugio calentito de tu hogar y no salir de allí para nada.

Pero hay días en que el cielo aparece despejado y luce un sol radiante, que por unos instantes trae calidez a tu invierno y te reconforta. El paisaje blanco de las montañas reluce brillante como nácar. Los campos parecen tapizados de millones de diamantes diminutos que se evaporan en una bruma mágica. Los carámbanos de hielo que cuelgan de los tejados se descomponen en un calidoscopio de colores  igual que si fuesen lámparas maravillosas.

Paseas, corres, juegas; el silencio se llena de alegres risas e intentas disfrutar al máximo  de ese regalo de luz y calor que tiñe de malvas, rosas y naranjas el atardecer de ese día que se acaba.

A veces, hay épocas en que tu vida es gris, triste y monótona, incluso oscura. Son los inviernos de nuestra existencia. Cíclicos, igual que las estaciones, por lo que acaban pasando y llegan tiempos mejores. Sin embargo, en estos momentos melancólicos de tu vida, aunque no lo creas,  también hay días en los que suceden cosas agradables que te aportan felicidad, días en los que brilla cálido y resplandeciente, un sol de invierno. ¡Disfrútalos!

 

Iia Né Zák

La magia de una sonrisa

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Sonríe. Venga, en serio, sonríe.

¿Qué sucede? ¿No puedes sonreír? Te cuesta ¿verdad?

Tranquila, lo entiendo. Tal y como están las cosas hoy en día, con la vida que llevas y con todos los problemas que tienes, no hay muchos ánimos para sonreír. Te comprendo, a mí también me pasa.

Razón de más para intentarlo.

Nos movemos por el mundo, tan grises y apresurados, que cuando alguien nos dedica una sonrisa, nos parece tan extraño, que no podemos creerlo. Parpadeamos deslumbrados, como salir al  sol después de estar mucho tiempo encerrados en la oscuridad. Y sin pensar, sin saber muy bien porqué, casi sin poder evitarlo, devolvemos esa sonrisa. Es lo que tiene: es contagiosa.

También es terapéutica. Es la mejor medicina y  tan eficaz, que te beneficia a ti y a quién la recibe. Eleva el espíritu, pues tiene la virtud de tocar el alma.

Es cierto que sonreímos cuando nos sentimos contentos, animados y felices, pero ¿qué te impide creerla de la nada?

Piensa en todo lo que te hace feliz. Recupera recuerdos alegres y anécdotas graciosas. Poco a poco tus labios se curvarán en una sonrisa. ¡Ya está! Ya lo has conseguido. Ahora practica.

Si los ojos son el espejo del alma, una sonrisa es tu luz que se muestra al exterior. Embellece tu rostro y envuelve a todo tu ser con un halo luminoso y radiante.

Sonríe. Sonríe. Sonríe. ¡Vamos sonríe!

Ahora sí. ¡Por fin ha salido el sol! La magia de esa estrella brillante que habita en ti.

 

Iria Né Zák

Tu propia razón de ser

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Sé que ha habido un momento en tu vida en que te has sentido perdida, sola y desamparada.

Sé  que el dolor y el sufrimiento han sido tan grandes que creíste morir.

Sé que la desesperación te desgarraba como una fiera salvaje y que la oscuridad era tan inmensa que te ahogaba.

Sé que llegó un momento en que caíste en un pozo sin fondo del que no puedes salir.

También sé que no te has rendido.

¿Por qué lo sé?  Porque aún estás aquí. Quienes se rinden, se van.

Pero tú sigues aquí. Tus llantos, tus comentarios, tus quejas, hasta tus silencios son en realidad gritos desesperados pidiendo ayuda.

Los que se rinden callan y se van sin hacer ruido.

Tú no. Tú continúas luchando aunque te creas muerta en vida. ¿Te has preguntado por qué? No, no. No es por tus hijos, ni por tu pareja ni por nada que te inventes. Sigues aquí por ti. Únicamente por ti. ¿Quieres saber la razón? Porque te  amas. Sí, te amas.

Porque una parte de ti  es testaruda y obstinada y  no piensa permitir que tires la toalla por mucho que te empeñes en darle cientos de excusas para justificar tu abandono. Esa parte de ti es tu esencia. Escúchala. No tengas miedo. Reconócelo: te amas y deseas estar viva, sentirte viva.

Toma la mano que se extiende para ayudarte a salir de ese pozo oscuro, agradécelo, haz acopio de todas tus fuerzas y emerge.

Lucha por ti. ¿Hay mejor razón?

 

Iria Né Zák

 

 

Encuentra tu don

fantasy-2961723_640Todos tenemos uno o más dones. Sí, tú también.

No creas que un don es algo así como un super poder reservado tan sólo a unos pocos. Es algo que todos llevamos dentro, y que la mayoría de las veces, no tenemos ni idea de su existencia.

Todos tenemos habilidades y destrezas que destacan, pero no todas ellas se pueden considerar  un don en sí. He visto a gente con un don extraordinario, y otros con dones tan humildes que parecen pasar desapercibidos.

Un don es esa habilidad innata que surge de manera  sencilla, natural y espontánea y que, cuando se lleva a cabo, beneficia a todas las partes por igual; al otro le ayuda y a ti, te eleva.

Tu don está. Sólo tienes que activarlo. ¿Cómo? Reconociéndolo y llevándolo a la consciencia.

Basta una mirada atrás, un repaso por tu vida para que te des cuenta. Lo has utilizado siempre, de forma inconsciente. Es algo instintivo  que no puedes evitar. Quién es tocado por tu don  no permanece impasible, algo cambia, le remueve; de algún modo le transforma.

En el momento en que seas consciente y conectes con él, lo sabrás. También algo cambiará en ti. Ya no serás el mismo. Se abrirá una puerta a un nuevo despertar; un nuevo camino se dibujará ante tus pies, y te lo puedo asegurar: ya no desearás volver atrás.

 

Iria Né Zák

 

La que Ilumina

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La mujer se halla sentada en el porche a la cálida luz del atardecer, mientras una suave brisa otoñal mece las ramas de los árboles arrastrando consigo sus hojas doradas y escarlatas. Arrebujada entre los pliegues de una vieja manta, sostiene una taza humeante que desprende un agradable y relajante aroma a hierbas, mientras disfruta de ese pedacito de tiempo que se ha regalado a sí misma.

Por el sendero que lleva a su casa  se acerca una figura envuelta en un pesado abrigo. Es una mujer, menuda y delgada, de apariencia frágil, pero la mujer sabe de su verdadera fortaleza, y sonríe para sí.

La joven se apresura subiendo las escaleras del porche y saluda a la mujer con una respetuosa reverencia.

-¿Qué te trae por aquí, arbolillo?- pregunta con cariño. La observa desde detrás de su taza con sus ojos oscuros y profundos. Ella sabe de su verdadero poder. “ha aprendido mucho y muy rápido” piensa orgullosa de su pupila, “pero aún es joven y la vida le reserva muchas lecciones aún. Pero lo hará bien. Es digna y muy válida para el trabajo que le espera. Lo hará bien.”

-Perdón por molestarte- responde la joven- es que he tenido una visión y necesitaba de tus conocimientos. Necesito saber  quién soy para mi pueblo.

-Traes paz y sosiego a las almas. Aportas luz a su oscuridad. Tú eres La que Ilumina.

-¿Por qué, si mi trabajo es tan noble, hay tanta gente que me mira mal, que me trata con desprecio?

-Porque a las sombras no les gusta la luz. La temen  e intentarán apagarla como sea.

-¿Y qué puedo hacer entonces?- su voz es angustiada.

-¡Iluminar con más fuerza, mi niña, brillar con más luz!

Iria Né Zák

 

 

 

El valor de ser uno mismo

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En los tiempos que corren ser uno mismo es toda una osadía. Sin embargo, cada vez hay más gente dispuesta a luchar por ello.

Para ser tú mismo es imprescindible que primero hagas una introspección; empezar por conocerte profundamente, admitiendo y aceptando todas y cada una de las partes que tú eres, honestamente, sin medias tintas. Hay que ser muy valiente. A nadie le gusta mirarse  y reconocer esas cosas que no nos gustan de nosotros mismos, pero es el primer paso y es necesario. Son nuestros cimientos y deben ser fuertes.

Para ser tú mismo es importante  que sepas mostrarte al mundo tal cual eres, sin máscaras ni disfraces. También hay que ser muy valiente, pues así somos más vulnerables y corremos el riesgo de ser lastimados. Pero si tu primer paso ha sido dado con firmeza, estarás más que preparado; sabes quién  eres y eso te da la seguridad que necesitas  ante los demás. Juegas con esa ventaja.

Para ser tú mismo es preciso que mantengas firme el  rumbo que te hayas trazado, sabiendo sortear los obstáculos que se interpongan con determinación y constancia. Evita las influencias externas. Se abatirán sobre ti como aves de rapiña; intentarán  lo imposible para hacer de ti una marioneta sin alma. Caminarás por senderos totalmente desconocidos, algunos por los que aún no ha pasado nadie. ¡Desde luego que hay que ser valiente! Muchas veces te sentirás solo. Cultiva tu fortaleza emocional, confía en tus destrezas y no dudes ni por un segundo de quién eres.

¡Sé tú mismo! Te descubrirás como un ser excepcional capaz de hacer  grandes cosas.  Sin ninguna duda tienes lo necesario para conseguirlo: fuerza y valor.

 

Iria Né Zák