La voz del bosque

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El viento agitó suavemente las copas de los árboles  y despertando su voz, el bosque me habló:

“¡Calma! ¡Serénate!

Ven; siéntate sobre la hierba, aquí en el claro, y cierra los ojos. Así. ¿Lo sientes? ¿Puedes percibir toda la vida que te rodea? ¡Estás viva!  Y mientras estés viva nada es imposible.

Eso es. Respira lenta y profundamente. Siente ese aire que te da la vida. ¿Te encuentras mejor? No tengas miedo. Nada puede lastimarte si tomas tu poder.

Adáptate a los ciclos siempre cambiantes. Fluye.

Que tu centro esté siempre en equilibrio y la tormenta no podrá afectarte. Escucha tu voz interior; es la de la mujer sabia que habita  en ti.; la mujer libre, salvaje y empoderada. Permite que te guíe. Y sobre todo, hagas lo que hagas, hazlo desde el corazón.

¡Vamos sonríe! No estás sola. Yo siempre estaré a tu lado. SIEMPRE.”

 

Iria Né Zák

Superando nuestros miedos

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En algún lugar leí que no hay enemigo que haya derrotado a más hombres que el miedo.

Aunque no lo parezca,  es una emoción positiva que permite nuestra supervivencia; de no ser por él, caeríamos de cabeza en las garras del peligro. Nos hace ser prudentes y precavidos.

Pero cuando ese mismo miedo nos domina, entonces nos bloquea, nos paraliza y eso puede llegar a ser igual de peligroso. A nivel emocional  resulta muy frustrante, impidiéndonos avanzar y realizarnos.

El miedo tiene muchos nombres, muchas caras y muchos matices. Puedes restarle importancia diciendo que es sólo respeto, aversión, repelús…en realidad son diferentes graduaciones, intensidades, pero miedo al fin y al cabo.

Sin embargo, puede vencerse. ¿Cómo? Proponiéndotelo, así de sencillo.

Cuando realmente quieres vencer un miedo hay que empeñarse en ello, ser muy testarudo y no conformarse con haberlo intentado. Buscar recursos, herramientas y estrategias. Indagar  la causa que lo provocó. Bucear hasta lo más profundo de ti mismo para encontrar su origen,  para así identificarlo y poder ponerle solución.

Da igual qué tipo de miedo quieres superar. Si de verdad deseas  derrotarlo, no te rindes, y lo intentas una y otra vez, sin importar lo que cueste ni el tiempo que te lleve.

El miedo puede vencerse, pero sólo hay un camino para conseguirlo: desearlo de verdad,  desde lo más profundo de tu ser.

Iria Né  Zák

 

Vivir perezosamente

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Después del miedo, tu segundo enemigo capaz de frustrar todos tus planes, es sin ninguna duda, la pereza.

¿Cómo se le puede vencer? Muy sencillo, con fuerza de voluntad,  un don  que todos tenemos, pero claro, requiere de un trabajo,  de un esfuerzo que no siempre estamos dispuestos a realizar.

Puedes darle el nombre que quieras: desgana, apatía, desmotivación… da igual. La mayoría de las veces no son más que excusas perfectas que nos damos a nosotros mismos para disfrazar la verdadera causa que se esconde detrás de nuestra inactividad: la maldita pereza.

Sé de lo que hablo, créeme. Soy una gran perezosa y muy fan del arte de procrastinar.

¿Qué es procrastinar? Eso mismo me pregunté yo la primera vez que escuché la dichosa palabrita. Significa algo así como “dejar para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y mañana nunca llega.

Así que si alguna vez admiras o sobre todo, envidias a alguien por lo que haya conseguido en cualquier faceta de su vida, no le busques excusas, aplaude su mérito y pregúntate cómo lo hizo para vencer la pereza, porque cuando tú conectes con esa fuerza que también llevas dentro, lograras vencerla y te sentirás satisfecho de lo conseguido. Te darás cuenta  entonces de que, en realidad,  no era para tanto y que  el esfuerzo mereció la pena.

 

Iria Né Zák

 

 

No somos perfectos ¿y qué?

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Recuerdo una vez a alguien que me dijo con un deje de tristeza, “me he pasado la vida queriendo ser perfecto; tener un trabajo perfecto, la mujer perfecta, la casa perfecta, el coche perfecto…me he pasado la vida tratando de ser alguien que no soy. Sólo soy un iluso…”

¿Te suena?

A todos nos pasa algo parecido. Miramos a nuestro alrededor buscando la perfección en todos los ámbitos de nuestra vida. Y envidiamos a otros que creemos que son perfectos; que tienen un físico increíble,  un trabajo bien remunerado, éxito en sus carreras, una vida perfecta en definitiva.

No te lo creas. No son perfectos, ni tampoco sus vidas lo son. Es tan sólo una cuestión de perspectiva. Nos fijamos únicamente en lo que nos interesa olvidando todo el conjunto.

Yo no soy perfecta. ¿Y quién lo es?

Por mucho que pienses que tú si lo eres, te equivocas. Nadie es perfecto. ¿Y qué? Eso es precisamente lo que enriquece a este mundo, llenándolo de multitud de seres diferentes, únicos e irrepetibles.

No hay nadie como tú. Absolutamente nadie. Podrán parecerse físicamente, en tu forma de ser, en tus ideales y en tus habilidades, pero nunca idéntico a ti. Eres un ser único de la creación, en todos sus matices. Y son tus imperfecciones junto a tus virtudes que las compensan, las que hacen que seas tú en toda tu esencia, porque, aunque te cueste creerlo, eres perfecto en tu imperfección.

Iria Né Zák